Cristina Guadalupe

Profesora de Enseñanza Primaria

El poder de los buenos sentimientos

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Las emociones positivas fortalecen el cuerpo y el espíritu y nos preparan para las épocas de crisis. Según los últimos datos, hasta es posible adiestrar la mirada a través de la lente optimista.

Barbara L. Fredrickson Hace 70 años, en Milwaukee, Cecilia O’Payne hacía sus votos perpetuos en una congregación religiosa dedicada a la enseñanza de niños pobres. Con motivo de ese paso decisivo, la superiora le pidió que escribiera un breve fragmento sobre su vida. La joven debía narrar los acontecimientos esenciales de su infancia y adolescencia, así como las experiencias o vivencias religiosas que le habían conducido al convento. Unos 60 años más tarde, aquellas líneas de Cecilia O’Payne vieron de nuevo la luz, junto con las notas de otras novicias recién ingresadas en la congregación. Tres psicólogos de la Universidad de Kentucky solicitaron consultar los documentos, en el marco de un amplio estudio sobre el envejecimiento y la enfermedad de Alzheimer. Debora Danner, David Snowdon y Wallace Friesen examinaron, en total, 178 textos biográficos, a fin de asignar el “contenido emocional” a cada declaración sobre las vivencias de felicidad, los intereses, el amor y la esperanza. Alos investigadores les llamó la atención una observación curiosa: al parecer, las monjas más felices vivían hasta 10 años más que aquellas que atribuían menos valor a la existencia terrenal. Una actitud positiva frente a la vida de una religiosa optimista, como Cecilia O’Payne (hoy tiene 98 años), otorga, desde el punto de vista estadístico, más años incluso que los que ganaría un fumador que abandonara definitivamente el tabaco. El estudio sobre las monjas no constituye un caso aislado. Desde hace tiempo se ha venido advirtiendo que las personas que se encuentran bien viven, por regla general, más. Pero, ¿por qué la confianza en el futuro ayuda a vivir más tiempo? ¿A qué se debe que un sentimiento bueno y momentáneo repercuta a tan largo plazo? ¿Se producen al azar las emociones positivas o cabe inducirlas de forma selectiva? Las primeras respuestas han llegado desde la psicología positiva, joven disciplina así acuñada hace seis años por Martin E. P. Seligman. Como muchos otros psicólogos, Seligman había orientado sus investigaciones hacia las enfermedades psíquicas. En el último medio siglo se han producido importantes avances en su curación. Si en 1947 no se conocían apenas tratamientos para las principales enfermedades mentales, hoy se pueden tratar correctamente 16 de ellas mediante psicoterapia, medicamentos o la combinación de ambos. En cambio, la psicología apenas ha aportado métodos para ayudar a las personas a satisfacer sus deseos genuinos. Seligman se propuso corregir este desequilibrio. En colaboración con Mihaly Csikszentmihalyi (descubridor del concepto del “flujo” de los momentos de felicidad [véase “La búsqueda de la felicidad”, por Uwe Hartmannn, Udo Schneider y Hinderk M. Emrich, MENTE Y CEREBRO, n.o 4] recomendó abordar los aspectos que conceden valor a la vida. Hay varios motivos por lo que apenas se ha prestado atención a los sentimientos positivos en otras épocas. En primer lugar, los afectos positivos son más difí- ciles de evaluar que los negativos. La alegría, el gozo y la satisfacción no se diferencian entre sí tanto como la irritación, la tristeza y la angustia. Así, la ciencia sólo separa un puñado de buenos sentimientos: por cada emoción positiva se conocen tres o cuatro sentimientos negativos. Con la sonrisa en los labios El abanico de gestos corporales de los afectos negativos también es mayor. En todo el mundo, las personas pueden distinguir, sin titubear, un rostro airado, triste o angustiado. En cambio, una mueca natural de alegría —diversión, confianza en el triunfo o felicidad— contiene siempre los mismos atributos de la denominada sonrisa de Duchenne: las comisuras bucales ascienden, la musculatura periorbitaria se contrae de forma involuntaria, los pómulos se alzan y aparecen pequeñas arrugas en las comisuras oculares externas. Este reparto desigual de los medios se extiende hasta el sistema nervioso vegetativo, que inerva los órganos internos…

http://www.unc.edu/peplab/publications/Fredrickson_AmSci_Spanish_2003.pdf

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